martes, 7 de abril de 2015

El hombre carnal, natural y espiritual.


Base Bíblica: 1Cor. 2:14-3:3. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el espiritual juzga todas las cosas, sin que él sea juzgado por nadie. ¿Quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién lo instruirá? Pues bien,  nosotros tenemos la mente de Cristo… De manera que yo,  hermanos,  no pude hablaros como a espirituales,  sino como a carnales,  como a niños en Cristo. Os di a beber leche,  no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?

Introducción.
La vida cristiana es una “vida abundante” llena de riquezas maravillosas e inescrutables, como ser participes de la “naturaleza divina”. (2Ped.1:3,4). Esto significa que la “vida de Cristo” nos ha sido impartida al venir a morar en nuestro espíritu. (Juan 3:6; 1Cor.6:17,19; 2Cor.4:7).
Siendo sinceros, nuestra vida y nuestro carácter, no refleja esa riqueza espiritual que debe caracterizarnos como cristianos.
Pablo hace referencia a tres clases de hombres: “el natural”, “el carnal” y el “espiritual”. Esta clasificación tiene que ver, tanto con la comprensión o entendimiento de las “cosas profundas de Dios” que son reveladas a los cristianos verdaderos (1Cor. 2:9-13), como con la manera de vivir que se conforma a las “cosas reveladas por Dios”.
Para entender la diferencia entre las tres clases de hombre, es necesario conocer primero las relaciones entre las partes esenciales del hombre: espíritu, alma y cuerpo.

1.- Relaciones entre espíritu, alma y cuerpo.
    a).- En la creación: 1ª posición espíritu; 2a Alma; 3a cuerpo.
    b).- En la caída: 1a posición Alma; 2a cuerpo; espíritu muerto (inactivo).
    c).- En la regeneración (nvo. Nacimiento) 1a pos. Espíritu; 2a alma; 3a   cuerpo.
Aunque la regeneración es instantánea (espíritu), la transformación o renovación es un proceso (alma) y la redención del cuerpo o glorificación ocurrirá hasta el arrebatamiento.

2.- El hombre natural.
De esta clase de hombre, no es necesario hablar pues se refiere al perdido, que no conoce a Cristo y por lo tanto vive siguiendo sus deseos e impulsos naturales pecaminosos. Es necesario darse cuenta que hay hombres naturales con una condición moral excelente. Por consiguiente, resulta que el “hombre natural” es completamente incapaz para entender las cosas reveladas, porque no ha recibido al “Espíritu que es de Dios”  Ha recibido solamente el “espíritu del hombre que está en él.” Aunque puede leer las palabras con la “sabiduría humana”, no puede recibir el significado espiritual de ellas, porque la revelación le es “insensatez”. No puede recibirla ni conocerla.

3.- El hombre carnal.
El apóstol (Pablo) continúa con la descripción del hombre “carnal”: “Y yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os alimenté con leche, no con manjar sólido; porque no erais capaces de ello, y ni aun todavía sois capaces; porque sois todavía carnales” 1Cor. 3:1-4
Aunque son salvos, los cristianos carnales andan “conforme al uso de este siglo”. Son “carnales” porque son dominados por la carne. El cristiano “carnal” no está “en la carne” pero tiene “la carne” en sí. “Vosotros empero no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros: mas si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” ( Rom. 8:9). El hombre “carnal” o, sea el “niño en Cristo”, no es capaz de entender las cosas profundas de Dios. El no es más que un niño; pero aun así, es importante notar, que es una altura de posición y realidad con la que no se puede comparar la incapacidad total del “hombre natural”.
Pero el cristiano carnal se caracteriza también por su andar al mismo nivel del andar del “hombre natural”. “¿No sois carnales, andando según el uso de los hombres?” (Compare con 2 Cor. 10:2-5). Los propósitos y los afectos del hombre carnal están centrados en la misma esfera no espiritual del hombre natural. En contraste con ese proceder de la carne, leemos: “Digo pues: Andad según el Espíritu, y no cumpláis los deseos de la carne”. Esta es la verdadera espiritualidad.
 
4.- El hombre espiritual.
La segunda clasificación de los creyentes en este pasaje es la del hombre espiritual. Un creyente es hombre espiritual cuando pasa la prueba referida y demuestra que tiene capacidad para recibir y conocer la revelación divina. “El hombre espiritual lo discierne todo.” “EL HOMBRE ESPIRITUAL” discierne todas las cosas. No hay ninguna limitación para él en lo que toca a las cosas de Dios. Puede recibir libremente la revelación divina y se gloria en ella. También, puede entrar, como cualquier otro, en las materias que son comunes a la sabiduría humana. Discierne todas las cosas; sin embargo, él mismo no es discernido ni entendido por nadie. ¿Cómo pudiera ser de otro modo siendo que él tiene “la mente de Cristo”?
Hay dos grandes cambios espirituales que los seres humanos pueden experimentar: el cambio del “hombre natural” al hombre salvo, y el cambio del hombre “carnal” al hombre “espiritual” Aquel se efectúa por el poder divino cuando hay fe verdadera en Cristo; éste se realiza cuando hay un ajuste verdadero al Espíritu. Experimentalmente puede ser que la persona que se salva por medio de la fe en Cristo se entregue al mismo tiempo sin reserva a Dios, y empiece de una vez una vida de rendimiento completo. Indudablemente eso sucede con mucha frecuencia. De esta manera sucedió en la experiencia de Saulo de Tarso (Hech. 9:4-6). Así que hubo reconocido a Jesús como su Señor y Salvador, dijo también: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” No hay evidencia alguna de que jamás se hubiese cambiado de esta actitud de rendimiento a Cristo. No obstante, debemos recordar que muchos cristianos son carnales, a los cuales la Palabra de Dios enseña claramente cuáles son los pasos que tiene que dar para que lleguen a ser espirituales. Entonces se hace posible el cambio del estado carnal al estado espiritual.
El “hombre espiritual” es el ideal divino en la vida y en el ministerio, en el poder con Dios y con los hombres, en comunión ininterrumpida y en bendición.

La transición de hombre carnal a hombre espiritual es un asunto de desarrollo, de crecimiento, de alcanzar madurez espiritual, del grado en que experimentamos a Cristo en nuestras vidas. Ese desarrollo o crecimiento espiritual tiene que ver con nuestra alimentación espiritual (1Cor. 3:1-3; Heb. 5:11-14; 1Ped. 2:2; Juan 16:12; Isa. 28:9-13).
En las siguientes entradas comenzaremos a exáminar: El conocimiento del Espíritu donde conoceremos como es el hombre espiritual 

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domingo, 5 de abril de 2015

El Propósito Eterno de Dios. (Parte 2)


“Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado” Efesios 1:18.

Introducción.

Desde el principio, Dios ha tenido un secreto. Antes del tiempo, el Todopoderoso envolvió su alto y sagrado propósito en un misterio, y lo escondió en su Hijo. Durante siglos, ninguno conoció cual era este propósito eterno. Estuvo profundamente escondido en Dios. Fue un secreto -El secreto de los tiempos (Rom. 16:25; Col. 1:26; Ef. 3:4-5, 9).

(Continúa de la parte 1)
EL MISTERIO DE LOS SIGLOS.
“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia”. Efesios 5:31-3
En medio de la multitud de misterios clásicos creados por la imaginación de personas ingeniosas, el más grande misterio de todos es aquel que Dios mismo escribió. El misterio de Su eterno propósito.
En la eternidad pasada, antes del tiempo y la creación, ahí estaba Dios. Dios y solo Dios. Nadie más existía. En el seno de Dios el Padre estaba el Hijo, y ambos eran uno. El Espíritu estaba también presente, compartiendo la unicidad del Padre y del Hijo.
Pulsando en el centro de la Divinidad estaba la mismísima esencia de la deidad, un amor apasionado (Juan 17:24; 1 Juan 3:16; 1Juan 4:8).
Todas las cosas emanan de Dios. Él es la fuente de todo, esto incluye la pasión del amor Divino. Agustín de Hipona dijo una vez: “Si Dios es amor, entonces debe haber en Él un Amante, un Amado y un Espíritu de Amor; pues ningún amor es concebido sin un Amante y un Amado”

La Pasión de la Divinidad. En los inmensurables tiempos de la eternidad pasada, el Padre tuvo alguien en quien derramar la pasión de Su ser. Éste era Su Hijo. El Padre era el Amante; el Hijo el amado. El Padre era la fuente; el Hijo el receptor y quien responde. Consecuentemente, el Padre amó al Hijo, y el Hijo en reciprocidad amó al Padre (Juan 17:24; 14:31).
El Hijo, sin embargo, no tenía ninguna criatura en quien derramar la pasión de Su ser. Esto es, no había nadie para quien Él pudiera ser la fuente de la pasión torrencial que inundaba su propio corazón. Mientras el Hijo ciertamente derramaba Su pasión en el Padre, el Hijo no era la fuente de esa pasión. En otras palabras, el Hijo mismo no tenía su complemento. En palabras prestadas de San Agustín: “Él no tenía una Amada”.
Específicamente en este punto, el Hijo de Dios estaba solo, justo como Adán también lo estaba. (Ahora Adán es un símbolo de Cristo, figura del que había de venir. (Romanos 5:14bRV1960) El postrer Adán éste es, Cristo... 1 Corintios 15:45b RV1960).
En lo profundo del corazón latiente del Hijo de Dios había una intensa y consumidora pasión. Tal como el Padre, el Hijo deseaba ser para otro la fuente de esa pasión. Él deseaba ser el Amante, y no solo el Amado, sin embargo, ese ser no existía.
Así que cuando Dios hizo al hombre, hubo dos seres en el universo que estaban vibrando con una pasión que no podían derramar: el Hijo de Dios en el cielo y Adán en la tierra. La pasión frustrada de un Dios lleno de amor y la pasión frustrada de un humano hecho a Su imagen. Entonces, en algún momento de un pasado sin fecha, Dios el Padre concibió un plan. Era un plan asombroso, le daría a Su Hijo compañía, una que sería Su complemento perfecto. Una que sería justo como Él. Ese ser sería el Hijo de Dios en una forma diferente. Ese ser se volvería también el objeto de la pasión del Hijo, una esposa digna de la deidad.
Deseo que contemples a ese Dios lleno de pasión. A decir verdad, Dios está perfectamente satisfecho dentro de sí mismo, pero debido a que Dios es amor, no se contenta con ello, y por esta razón, el Hijo quiso a alguien en quien derramar el amor que corría dentro de Su ser, el mismísimo amor que el Padre derramó en Él. De manera que, la superabundancia del amor de Dios, requirió un receptor que no estaba dentro de la Deidad.
Nuevamente, el deseo del Hijo por una compañera no nació por una deficiencia dentro de Sí mismo, sino por el contrario, tuvo su origen en la desbordante exceso de amor divino. Fue ese deseo reprimido lo que impulsó el deseo del Hijo por una compañera y que llevó al Padre a actuar en beneficio del Hijo.
Fue como si el Padre dijera: Hijo mío, no es bueno que estés solo. Haré una compañera idónea para Ti. Alguien como Tú, pero diferente a Ti. Te daré a alguien en quien podrás derramar la pasión de Tu ser. Hay un solo camino en el que puedo llevar a cabo esta tarea. Debo tomar parte de Ti para hacer otro como Tú. Entonces no serás más uno. Habrá otro, o debo decir otra. Ella será Tú, pero en otra forma. Ella será el objeto de Tu pasión desbordada. Tú serás su Amante y ella Tu amada. Ella responderá a Tu propia pasión, tal como Tú respondes a Mi pasión. (Génesis 2:18; Romanos 5:14; Efesios 5:31-32)
Fue de ésta motivación que Dios creó los cielos y la tierra y todas las formas de vida en ella. Podemos firmemente decir que Dios creó todo para que Su Hijo tuviera una compañera, una pareja perfecta, una prometida. El amor de Dios por Su Hijo lo llevó a crear. En palabras de Paul Billheimer: En el corazón del universo hay un romance divino el cual es la llave de toda la existencia. Desde toda la eternidad Dios se propuso que en algún momento futuro Su Hijo tendría una compañera eterna descrita por Juan en el Apocalipsis como “La novia, la esposa del Cordero”
Esta idea era tan increíble que Dios la escondió de generación en generación. Esto es el misterio de todos los misterios: Desde antes de todos los tiempos había una mujer dentro de Dios.

El Señor Jesús, un Soltero Solitario.
Movámonos ahora en el tiempo y observemos como Dios cumplió Su eterno propósito. El Señor Jesús, el Hijo Eterno, hizo Su aparición en este planeta. El más grande Amante en el universo traspasó la inmovible barrera que nos separa de la eternidad y dio un paso en el tiempo.
El Hijo de Dios tomó carne y se volvió hombre. Desde la perspectiva celestial Él era el Nuevo Adán, el Segundo Hombre (Romanos 5:14; 1 Corintios 15:45-47).
Seguramente has escuchado que Jesucristo vino a salvar a los pecadores. Eso es verdad, pero el Nuevo Testamento enseña que Él vino para algo mucho más profundo. Él vino a conseguir Su compañera. Él vino a conseguir Su prometida. Vino a obtener una esposa para  Él. El Hijo Eterno se volvió humano con el fin de conseguir la pasión que ardía muy dentro de su Ser, desde antes de todos los tiempos.
Observa con cuidado a tu Señor, Jesús de Nazaret. Un hombre y Dios perfecto. Tomando prestadas las palabras de Arthur Cústanse: “Jesucristo fue una nueva especie en el planeta, una nueva clase de hombre”. Él era completamente Dios, y completamente hombre. Para citar el antiguo credo, “Él fue Dios verdadero no creado” Jesús fue el primero de una nueva especie: “El nuevo hombre” (Efe. 4:24; Col. 3:9,10).
Como hombre, Jesucristo era un novio solitario, pero lleno de una gran pasión. Un perfecto, incomparable e indescriptible amor latía dentro de Su incorruptible pecho. Él era el Hijo del Hombre, la esencia del hombre, con la pasión de un hombre, en un estado sin caída. Pero Él era también el Hijo de Dios, la esencia de Dios, con la pasión de un incomparable Dios pulsando en Su espíritu.
En los primeros capítulos del evangelio de Juan, conocemos un inusual profeta llamado Juan el Bautista. Él fue el acto de entrada del Señor Jesús. Juan se describió a sí mismo como alguien que presentaría al Hijo de Dios a Su novia. Él era el amigo del “Novio”. El hombre de toda su confianza. Juan bautizó a aquellos que eligieron seguir a Jesús. En realidad, esas almas bautizadas fueron destinadas a volverse parte de la novia de Cristo. De acuerdo a Juan, Jesucristo era el novio celestial.
“El que tiene a la novia es el novio A él le toca crecer, y a mí menguar”. (Juan 3:29-30 NVI)
“El que tiene a la novia” anunció Juan. Tal lenguaje misterioso contiene una verdad oculta:
¿Cómo pudo Juan decir que Cristo ya tenía a su novia? Un número de revisores históricos han propuesto que Jesucristo se casó mientras Él estuvo en esta tierra. A decir verdad, esta idea es una fabricación sin ningún fundamento. Jesucristo nunca se casó. Él permaneció como novio, y sin embargo, Él tuvo a Su prometida, ¿Cómo puede ser esto?
He aquí les anuncio un misterio, la novia de Cristo estaba dentro del Novio mientras Él estaba en esta tierra. Ella era un misterio escondida dentro de Su costado. Cuando ella finalmente apareció, Jesucristo creció: “El que tiene la novia es el novio…a Él le toca crecer y a mí menguar”
Ahora entendemos porque Jesús nunca se casó mientras estaba en la tierra. Esto fue porque Su novia estaba dentro de Él. La intención ardiente del Señor era el tener una compañera. Esto, en efecto, fue la motivación principal que le impulsó a Él a vencer a Satanás. Con el fin de obtener a su gloriosa esposa Él tuvo que pagar el mayor precio.
Considera esto: La forma en que Adán obtuvo a su mujer fue un reflejo de cómo Cristo obtendría a la suya. Tal como Adán, el Señor fue puesto en un profundo sueño. Hay dos razones principales de esto.
Primero, a través de la muerte, Jesucristo destruyó todo lo que pudiera estorbar en su camino para ganar la mano de Su amada esposa. Para esto, Él destruyó el pecado que la habría separado eternamente de Él. Él Destruyó la Ley que la hubiera sofocado bajo una montaña de esclavitud religiosa y un altero de aplastante condena. Él destruyó el poder del maligno que buscaría tomar su vida. Él destruyó el sistema del mundo, que atraería su corazón lejos de Él. Él destruyó la vieja creación, que la corrompería y contaminaría.
Pero más importante de todo, Él destruyó la muerte misma; Él se aseguraría que el objeto de Su pasión nunca probaría la muerte. Tu Señor se aseguró de remover todo lo que pudiera dañar a Su amada novia, desde antes de que ella viniera a existir. Por esta razón, Él no le permitiría aparecer hasta que la muerte hubiera sido vencida. Él ha esperado por generaciones para tener a Su compañera, de manera que garantizó que una vez iniciado este romance, nunca terminaría. Por lo tanto cuando hablamos del Señor nuestro y de su amada compañera podemos decir que Él conquistó hasta el último enemigo para “Que la muerte nunca los separe”
Que amor tan inexplicable. Que maravillosa pasión. Que perdurable compromiso. Jesucristo planea estar una eternidad amando a su esposa. Él ni siquiera considera el llegar a cansarse de ella, y ha garantizado que la luna de miel nunca llegue a su fin.
La segunda razón por la que Cristo se ofreció a sí mismo a morir está ligada a una de las grandes incógnitas del hombre. He aquí el misterio, el Señor murió para traer a Su amada novia fuera de Él mismo. “Sufrió la cruz” con el gozo puesto delante de Él (Heb. 12:2) ese gozo era su amada.

El Único-Grano se multiplica. Un día el Señor Jesús tomó un grano de trigo. Al contemplar el grano en Su mano, Él se vio a sí mismo muriendo y volviendo a la vida. Y al emerger de la muerte, se vio a si mismo multiplicándose.
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. (Juan 12:24 RV1960)
Acompáñame a la cima de un monte llamado Gólgota. Quiero que veas a tu Señor, colgado en una sangrante cruz. El Justo ha sido crucificado, y Su vida ha escapado de Él. El grano ha muerto, y ha muerto solo.
Su cuerpo, maltratado, es puesto en un sepulcro. Dos días han pasado, y es ahora domingo, el primer día de la semana, el octavo día. Repentinamente, la tierra se estremece, los cielos retumban. El Señor Jesús se levanta de la tumba victorioso sobre la muerte. Él la ha conquistado y se ha convertido en un Espíritu vivificante (1 Cor. 15:45). Como Espíritu vivificante, 50 días después de su muerte o 40 días después de su ascensión al cielo, se “derrama” en 120 de sus discípulos, impartiéndoles Su vida misma trayendo a la existencia a la “Segunda Eva”, es decir a la “Iglesia” “La novia” “La Esposa del Cordero”.
El grano de trigo ha producido muchos granos. El único grano de trigo se ha multiplicado. Se ha reproducido. Se ha incrementado. El grano no está ya más solo.  
Ella, la novia de Jesucristo, es una nueva creación en este planeta. Ella se ha liberado y escapado de la esclavitud de la caída. Ella ha nacido santa, sin mancha y sin culpa. Ella es nacida completamente libre de todo lo que procuraba destruirla. Por lo tanto, ella es libre para amar a su Novio y Salvador sin distracciones. Este es el momento más romántico de la historia universal.
Jesucristo ha muerto para manifestar la pasión de Su corazón, la mujer escondida dentro de Su costado desde antes de los tiempos.
¿De dónde salió Eva? Ella salió del costado de Adán. ¿De dónde salió la novia de Cristo? Del costado del postrer Adán, Jesucristo.
Esto da un nuevo significado al momento final en el Calvario. Cuando el Señor Jesús murió, uno de los soldados Romanos perforó su costado. Aquí tenemos una escena similar al momento cuando el costado de Adán fue abierto después de haber sido puesto en un profundo sueño.
Después de que Jesucristo fue puesto en un sueño profundo, su costado fue abierto y la sangre y agua brotaron de su incorruptible cuerpo (Juan 19:32-35). La sangre representa la purificación de todos nuestros pecados. El Señor murió para limpiar a Su amada novia de toda deshonra (Efesios 5:25-27). El agua representa las aguas vivas que brotan del mismísimo Jesús (Juan 4:10; Apocalipsis 21:6). Esta representa la vida divina, la misma vida por la que la novia vive.
En ese mismo día, el día cuando Cristo se levantó de la muerte, la pasión de todos los tiempos que había estado encerrada dentro del hijo de Dios por toda la eternidad pasada fue liberada. “Finalmente” el lugar de descanso para su pasión se había hecho carne. Finalmente el Hijo encontró a su amada novia y la pasión más grande de Dios encontró un hogar.
De acuerdo al libro del Apocalipsis, el destino de la iglesia es ser la Nueva Jerusalén, la Esposa de Cristo.
 “Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo. Entonces vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras y habló conmigo, diciendo: «Ven acá, te mostraré la desposada, la esposa del Cordero»” (Apocalipsis 21:2,9).
Muchos enseñan que la Nueva Jerusalén es simplemente un edificio en el que los santos vivirán al final del tiempo. Sin embargo, si ponemos atención a la forma en que el Espíritu habla, en Su Palabra, encontraremos que la Nueva Jerusalén es la realización del propósito de Dios en Cristo. Es una colosal ilustración de la iglesia, la Esposa de Cristo, cuando ella se une plenamente al Esposo, el Señor Jesús. ¡Hermanos y hermanas, esto es muy elevado! Cuando la Novia de Cristo haya madurado y esté lista para ser desposada con el Esposo, ella será consumada en matrimonio con Cristo.
“El ángel me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”». Y me dijo: «Estas son palabras verdaderas de Dios»” (Apocalipsis 19:9).
Así pues, la iglesia fue concebida en el corazón de Dios desde la eternidad, nacida en el día de Pentecostés y al final de todas las cosas, ella será consumada en la Nueva Jerusalén. ¡Cuán precioso es el plan de Dios!
 Consideremos el plan Divino desde un punto de vista totalmente práctico.
“Por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones” (2 Pedro 1:4).
¿Qué significa ser participantes de la naturaleza Divina? Al nacer de nuevo, es decir, en la regeneración recibimos la vida de Dios, a Dios mismo en nuestro espíritu. En la transformación Cristo nuestro “tesoro en vaso de barro” se extiende dentro de nosotros hasta “formarse plenamente” y al “negarnos a nosotros mismos” Él es manifestado plenamente, “ya no vivo yo, más Cristo vive en mí”. Luego finalmente cuando seamos llevados con Cristo en un cuerpo glorificado, seremos como Él es y le veremos cara a cara. ¡Tendremos la naturaleza Divina!

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sábado, 4 de abril de 2015

El Propósito Eterno de Dios. (Parte 1)

“Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado” Efesios 1:18.

Introducción.
Desde el principio, Dios ha tenido un secreto. Antes del tiempo, el Todopoderoso envolvió su alto y sagrado propósito en un misterio, y lo escondió en su Hijo. Durante siglos, ninguno conoció cual era este propósito eterno. Estuvo profundamente escondido en Dios. Fue un secreto -El secreto de los tiempos (Rom. 16:25; Col. 1:26; Ef. 3:4-5, 9).
El misterio no fue velado solo a los mortales, también fue escondido de los ángeles. Gabriel y Miguel nunca lo supieron. Tampoco Lucifer ni sus huestes demoniacas (1 Cor. 2:7-8; Ef. 3:9-10). ¿Porque es que Dios mantuvo Su propósito en secreto por tanto tiempo? Probablemente porque no quería ver Su propósito frustrado súbitamente. El propósito de Dios encarna Su sueño, Su pasión, los latidos de Su corazón. Así es que lo mantuvo velado hasta que el tiempo se completara.
Los autores del antiguo testamento proclamaron el sagrado misterio en historias, símbolos, imágenes, y sombras. Pero a pesar de que los reyes, profetas y sabios lo proclamaron, ninguno lo entendió.
Entonces un día, sucedió. Dios recorrió la cortina y reveló el secreto. Escogió a un hombre llamado Pablo de Tarso para develarlo al mundo (Col. 1:25-29; Ef. 3:1-11). En las cartas de Pablo, especialmente Efesios y Colosenses, el apóstol habló de este misterio con gran fervor. Él virtualmente agotó el lenguaje humano para expresar sus incomparables profundidades e insondables alturas. Pablo, junto con otros apóstoles y profetas del Primer Siglo, fueron “Administradores de los misterios Divinos” (1Cor. 4:1; Col. 1:25-26; Ef. 3:2-9)
El día en que Dios levantó el telón y develó el secreto, Su enemigo se congeló de terror. Satanás nunca vio, soñó, o pensó que algo así hubiera sido posible. Aunque Dios reveló Su misterio en el primer siglo, este sigue siendo un secreto para muchos cristianos hoy. El Espíritu Santo debe abrir los ojos de Su gente en cada generación para que éstos puedan comprenderlo. En esta forma, la gran oración de Pablo en Efesios 1:17-23 sigue siendo contestada.
El divino misterio está relacionado con una mujer. Esta increíble mujer llena las páginas de las Sagradas Escrituras. Ella aparece desde el principio de la Biblia; ella aparece en todas las páginas centrales, y ella está en el mismísimo final. Las Escrituras nos dan una visión exaltada de esta mujer junto con su inmaculado Esposo.

El Drama Eterno
En Génesis 1 y 2 la Biblia inicia con una mujer y un hombre. En Apocalipsis 21 y 22 la Biblia termina con una mujer y un hombre. La Biblia comienza con una boda y termina con una boda. Comienza con un joven y una muchacha y termina con un joven y una muchacha.
El romance celestial del que estamos hablando comienza en Génesis 2. Volvamos a visitar el día séptimo de la creación de Dios y observemos como se desarrolla este drama:
“Y acabo Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese como las había de llamar, y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerro la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne, ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán una sola carne” (Génesis 2:2, 2:18-24).
La creación ha sido terminada, pero Dios aún no ha terminado. La tierra ha sido llena de vida: vida de plantas, vida de aves, vida de peces, vida de animales, pero Adán, el primer hombre de Dios, está solo. Completamente solo.
Dios ahora le asigna a Adán una tarea de enormes proporciones: el nombrar todas las aves y criaturas terrestres, así que Adán comienza a poner nombre a los animales. Conforme cada criatura va marchando, él no puede evitar notar que cada uno de ellos tiene una compañera. Cada animal tiene una criatura justo como él, pero diferente. Cada forma de vida tiene una contraparte.  
¿El resultado? Una dolorosa angustia llenó el alma de Adán. Se dio cuenta más que nunca que se encontraba solo, muy solo. No había nadie como él.
De todas las criaturas que caminaron delante de Adán ese día, ninguno de ellas poseía una mano como Adán, una mano que pudiera asir. Conforme cada animal pasaba frente a él, Adán estuvo anhelando, esperando el encontrar uno como él, pero ninguno apareció. El final de la jornada del octavo día llegó.
Todas las criaturas que Dios formó habían caminado frente a Adán, y su soledad solamente se intensificaba. Él llego entonces a estar dolorosamente consciente de que era la única criatura bajo el cielo de Dios que no tenía compañía. Él era el único de su clase en todo el universo, y recuerde, la creación había terminado.

La Soledad del Hombre.
¿Alguna vez se ha sentido solo? ¿Alguna vez ha sentido la angustia de encontrarse solo?
Considere esto por un momento, e imagine la incomparable soledad que Adán debió haber experimentado en el planeta tierra después de haber sido creado. No había otro ser humano en todo el planeta.
No solo era Adán la única criatura en la tierra que no poseía una compañera, había algo más acerca de él que ninguna otra criatura compartía. Algo dentro de él anhelada desesperadamente liberación. Algo pulsante en su pecho deseaba salir. ¿Sabes qué cosa era? Eso era Pasión.
Dios puso dentro del latiente pecho de Adán una intensa y consumidora pasión. Un amor abrumador. Pero Adán estaba solo. No tenía nadie a quien dirigir esa pasión. Él deseaba compañía humana, un complemento, una criatura como él mismo, que fuera el contenedor de su pasión. La pasión que estaba encerrada dentro de las profundidades del pecho de Adán no encontró salida. No pudo ser liberada.
Adán, por consiguiente, se encontraba profundamente frustrado. Él era un hombre poseído por una pasión. Pero no existía nadie en quien él pudiera vaciarla. Dios vio el profundo dilema de Adán, incluso Él lo sentía. De alguna manera incomprensible, el Todopoderoso se podía identificar con Adán. ¿Cómo sabemos esto? Porque Adán fue hecho con el molde de la divinidad. No fue ningún accidente de parte de Dios el hecho de que Adán estuviera solo. Adán tenía las huellas de la divinidad por todas partes.
En presencia de la gran soledad y frustración de Adán, Dios el Señor hizo estremecer el cielo con estas palabras: “No es bueno que el hombre esté solo”.
En esencia Dios dijo: Adán, no es bueno para ti el que estés solo. Te daré una compañera en quien puedas vaciar la pasión que he puesto dentro de tu corazón. Yo te daré una pareja. Yo te daré a alguien que será tu complemento. Adán, tendrás a una compañera que será como tú, pero no tú.

 Recordemos que la creación ha terminado. El séptimo día ha pasado. Estamos llegando al final del octavo día, El primer día de la semana.
Es la tarde, y Dios hace algo extraordinario: Lleva al hombre al más profundo sueño, muy parecido a la muerte.
He aquí le mostraré un misterio: Había una mujer escondida dentro de Adán.
Quiero que se imaginen a Adán, recostado en el suelo, en un hipnótico sueño y profundo como la muerte. Observa su cuerpo inmóvil, mientras el Altísimo se acerca a él y abre su costado. Los ángeles del cielo están atentos a lo que está a punto de tomar lugar. Del interior del mismísimo Adán, el Señor extrae otro ser. El Todopoderoso toma de Adán una parte, y de ésta forma otro Adán. Dios saca un humano del primer humano y forma un segundo humano. Y este segundo humano tiene dentro de él un corazón pulsante, y todo lo que conforma el primer humano, incluyendo su pasión.

Así que del costado de Adán, Dios “confeccionó a una mujer” (Gen 2:22, Texto Hebreo). Ésta mujer no es parte de la primer creación. Ella apareció después de la creación, en el octavo día.
Consecuentemente, esta mujer es una nueva creación. La drástica cirugía de Adán había terminado, y despertó de la anestesia de Dios. Tan pronto como Adán sacudió el sueño de sus párpados, se volvió y abrió sus ojos. Lo que vio era algo difícil de explicar. Delante de sus propios ojos vio respirar a un ser viviente y pulsante. Otro ser humano. Pero no solo otro humano, ella era Adán mismo, en otra forma.
Inmediatamente, notó que ella tenía una mano justo como la suya, una mano que podía sostener. Ella tenía labios al igual que él, pero más gruesos y atractivos. En ese momento, Adán se dio cuenta que ya no estaba solo. Él ahora tenía una pareja que lo complementaba, una compañera. Instantáneamente, los dos fueron hipnóticamente atraídos el uno hacia el otro. Adán se enamoró profundamente de ella, y ella de él.
De acuerdo con el texto hebreo, cuando Adán vio esta nueva creación, él pronunció estas palabras: “Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mí carne” (Gen 2:23) “Por fin ya no estoy solo” “Por fin la pasión de mi corazón tiene un conducto” “Finalmente el amor que ha estado latiendo dentro de mi pecho tiene un hogar”.
Adán había permanecido solo en esta tierra. Él había sido la criatura más solitaria en el planeta.
Pero ahora, en el octavo día, se encontró en la presencia de alguien que era justo como él. Ella era Adán en una forma diferente, y en un cegador destello de conciencia, Adán se dio cuenta de que su soledad se había desvanecido. Su pasión había encontrado un lugar donde podía ser derramada. Había encontrado liberación.

Adán amaba a su nueva novia, y lo hacía apasionadamente. En ella, una pasión hacia él despertó en lo más profundo de su ser. Era una pasión pura y palpitante en su pecho, la primera mujer entregaba su amor al primer hombre.

El Círculo de la Pasión
Ahora me gustaría aventurarme a preguntar: ¿De dónde adquirió la mujer la capacidad de amar apasionadamente? La respuesta: De Adán, pues ella vino de dentro de él. ¿La mujer se forzó a amar a Adán? De ninguna manera. Su pasión fue la respuesta natural a la pasión de Adán hacia ella. De hecho, era la propia pasión de Adán regresando a él. La primera mujer tuvo la pasión del esposo palpitando en su pecho y corriendo por sus venas, pues ella fue hecha del mismo Adán.
Así que, finalmente, el primer hombre de Dios había obtenido compañía. Sin duda fue amor a primera vista. Al instante, ella se convirtió en su novia. Pero también llegó el más importante momento en el que ella se volvería más que una novia. Ella se convertiría en su esposa, donde los dos se convertirían en uno. Y la pasión que inundó el pecho de Adán sería entonces completamente satisfecha.

UN ACERCAMIENTO A LA PRIMERA EVA.
Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamo su nombre Adán, en el día cuando ellos fueron creados. - Génesis 5:2 (RV1960).

Considere la primera mujer, la novia de Adán. Ella es magnífica, más allá de toda descripción, más hermosa de lo que podríamos imaginar. Hay características dentro de ella que comúnmente pasamos sin ver cuando leemos los primeros capítulos de Génesis. Exploremos algunas de ellas: Ella era Adán en otra forma, pues ella fue tomada de dentro de Él (Gen. 2:23)
Ella tomó el nombre de Adán. De acuerdo con Génesis 5:2, Dios llamó al hombre y a la mujer Adán. Después de la caída Adán llamaría a su esposa Eva, pero antes de la caída, ella tomó el nombre de su esposo.
Ella estaba completamente dedicada a Adán, y Adán estaba completamente dedicado a Ella, piense acerca de esto. En la existencia de Adán no había ninguna otra mujer disponible para escoger. No tuvo otras opciones. Ella era todo lo que tenía.
Consecuentemente, Adán no tuvo ojos para otra mujer. Sus ojos nunca se apartaron de ella, pues no hubo otra mujer que lo distrajera. De la misma forma, Eva solo tenía ojos para Adán. No hubo otro hombre en su existencia a quien amar. La devoción que el uno tenía para el otro era indescriptible.
Ella fue esculpida y moldeada del propio cuerpo de Adán. Ella era carne de su carne, hueso de sus huesos. Su ADN fue idéntico al de Adán. Ella era por él, en él, y para él. Ella poseía los genes de su esposo. Ella era impecable. Adán fue creado perfecto. Él era inocente y sin pecado. No sentía culpa o tristeza por ninguna cosa. Él estaba libre de complejos de inferioridad, ¿y que de su amada esposa? ¿Acaso ella hizo su aparición en esta tierra con un dolor de cabeza causado por culpas y por un alma atormentada por condenación? Absolutamente no. Ella era tan perfecta como su esposo. Ella no tenía defecto alguno. Faltan palabras para alcanzar a describir que tan hermosa debió haber sido Eva. Ella era cautivante, pura y más hermosa que la misma hermosura. Así como Adán, ella fue adornada con luz y coronada con gloria (Salmos 8:5). Ella era la mujer perfecta. Ella era el cuerpo de Adán. Ella salió de su costado. Ella fue tomada de su propia anatomía, por lo tanto, ella poseía la misma vida de Adán. Ella era inseparable de Él, y al mismo tiempo, diferente.
Adán fue la fuente de la vida de Eva. Adán fue la base de su existencia. Eva solo podía existir porque una parte de Adán estaba en ella. Sin Adán ella no tenía existencia. Ella fue hecha por completo para Adán. Dios creó a Adán con el deseo de liberar su pasión. Él deseaba amar y ser amado. Eva fue la respuesta a ese deseo.
Ella estuvo siempre en él. Ella pre-existió en Adán antes de hacer su aparición en esta tierra. Adán vagó por esta tierra con una mujer escondida dentro de él. Su cuerpo fue constituido como la matriz en la cual ella un día aparecería. Ella fue el incremento de Adán. Cuando ella salió de su costado, Adán fue incrementado. Cuando ella fue formada, Adán fue engrandecido. Cuando ella fue edificada, Adán se multiplicó. Finalmente, ella proveería a Adán de hijos y llenaría la tierra con su imagen.
Ella fue interdependiente de Adán. Dios la sacó de la pleura de Adán, de su costado. Dios dividió a Adán en dos y juntos portaron la imagen completa de Dios.
Ella fue la gloria de Adán. 1Cor. 11:7 dice: “La mujer es la gloria del hombre”, esto significa que Eva reflejaba a Adán. Cuando la veías a ella, lo mirabas a Él.
Así que, aquí está, la romántica historia de todos los tiempos. El primer hombre y su magnífica novia, y la pasión desbordante que latía en ambos corazones el uno por el otro.

Pero hay un punto en esta historia que no hemos mencionado. No estamos en realidad contando la historia de Adán y Eva. Estamos contando una historia mucho más grande… (continuará la parte 2 en la siguiente entrada).
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viernes, 3 de abril de 2015

El Corazón.


“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”. Proverbios 4:23
“Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones…” Efe. 3:17.
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". Apocalipsis 3:20  

La biblia se refiere al corazón como la parte central del hombre, como su representante ante Él (Proverbios 23:26).
Este corazón no es el órgano biológico, sino el corazón psicológico. Así como el cerebro es un órgano biológico y la mente, el órgano psicológico correspondiente, así existe en el ser humano un corazón biológico y uno psicológico que se corresponden.
Es a este órgano psicológico al que se refiere la biblia siempre que habla acerca del corazón del hombre.

Dentro de nosotros el alma y el espíritu son partes del ser independientes, pero el corazón tiene una naturaleza compuesta. Examinemos algunas citas bíblicas que nos ayudan a entender que partes conforman el corazón.

1.- Mente: “pensáis mal en vuestros corazones” Mateo 9:4, y “los pensamientos del corazón” Hebreos 4:12.
2.- La Voluntad: “con propósito de corazón” Hechos 11:23, e “intensiones del corazón” Hebreos 4:12.
3.- La parte emotiva (emociones y sentimientos): “no se turbe vuestro corazón” Juan 14:1, y “se gozará vuestro corazón” Juan 16:22.
4.- La Conciencia: “Purificados los corazones de mala conciencia” Hebreos 10:22, y “si nuestro corazón nos reprende” 1Juan 3:20.
Todas las citas que en la biblia se refieren al corazón siempre hacen referencia a alguna de estas cuatro partes del ser humano. Esto nos enseña que el corazón como órgano psicológico está compuesto por: La mente, la voluntad, las emociones y sentimientos, así como por la conciencia. Las tres primeras partes conforman el alma humana y la tercera es una parte del espíritu. Por lo tanto el corazón, al estar compuesto por las tres partes del alma y una parte del espíritu, conecta al alma con el espíritu.
De entre las partes del espíritu, la comunión o adoración y la intuición, tienen relación con Dios y son para Él, pero la conciencia que sirve para discernir entre el bien y el mal, es para el hombre. De igual modo las tres partes del alma en conjunto son la personalidad del hombre. Por lo tanto el corazón puede considerarse el representante principal del hombre.
Puesto que el corazón conecta al espíritu con el alma, la biblia enseña que para que la vida de Dios entre al espíritu (regeneración), debe pasar a través del corazón. Cuando alguien escucha el evangelio y la palabra toca el corazón: Esa persona siente la dulzura del amor de Dios, siente también el dolor y la tristeza del pecado, entonces su corazón es conmovido (parte emotiva), su conciencia se contrista, en su mente se arrepiente y decide creer (voluntad) en Jesucristo. Al suceder todo esto su corazón se abre al Señor, es perdonado, su espíritu es vivificado y recibe la vida de Dios.
Por el contrario, si al oír el mensaje de salvación, el corazón del hombre es duro, no está de acuerdo con lo que oye y rechaza lo que Dios le ofrece.
A veces el corazón está de acuerdo solo en parte, tal vez solo la conciencia consienta y las otras partes no, o la mente esté de acuerdo y la emoción no. Por eso hay mucha gente en las iglesias que no han sido salvos verdaderamente, es decir no han recibido la vida de Dios porque el corazón es la entrada para la vida. Y así como el acto de recibir la vida comienza en el corazón, también el hecho de vivir la vida (vivir en el espíritu) comienza en el corazón (Efesios 3:17; Gal.4:6; Apoc.3:20). La apertura de nuestro corazón es esencial entonces tanto para la recepción como para la operación de la vida que Dios nos da.
Sin embargo no quiere decir que todo estará bien si nuestro corazón está correcto, porque el corazón solamente puede inducirnos a amar a Dios y rendirnos a Él, pero no puede ayudarnos a tocarlo ni a tener comunión con Él. Esta es la función del espíritu (comunión e intuición). Por eso mucha gente que ama al Señor no puede tocarlo en oración. Tienen un corazón para Dios pero no pueden o no saben tocarlo con el espíritu. Además de aprender a abrir el corazón, debemos aprender a conocer y usar el espíritu ejercitándolo (estamos hablando del espíritu humano).
El espíritu es el medio para tener contacto con Dios y con la vida que pone en nosotros y el corazón es la llave, el interruptor, el punto estratégico por el cual la vida puede pasar.

Los problemas del corazón.
Para que la vida de Dios pueda desarrollarse, madurar y expresarse apropiadamente, se necesita un corazón sano, esto es: puro, sensible y en paz.
Los problemas del corazón son: Dureza (Efe.4:18), Impureza (Sal.66:18), falta de Amor (Mat.22:37) e Inquietud (falta de paz) (2Cor.4:2).
La dureza tiene que ver con la voluntad, la impureza con la mente y las emociones, la falta de amor tiene que ver con las emociones y la falta de paz con la conciencia.

La solución a estos problemas del corazón.
La Dureza.- Dios trata directamente este problema (Eze.36:25-27). Lo hace a veces mostrándonos su amor y misericordia para que respondamos a Él, pero si no lo hacemos entonces permite que atravesemos por problemas y pruebas para que nos rindamos a Él.
La impureza.- Puesto que Dios ha renovado nuestro corazón, es nuestra responsabilidad ahora vigilar que no abriguemos deseos perversos ni pasamientos impuros desechándolos (2Cor.10:5; 2Tim. 2:22).
La falta de amor.-  Dios derrama su amor sobre nosotros para que respondamos a Él con amor (1Juan 4:19).
La falta de paz.- Cuando nuestra conciencia no está en paz es porque existen faltas. La solución es la confesión y el corregir cualquier conducta pecaminosa (Heb.10:22; Rom.5:1).

Solucionados estos problemas nuestro corazón será puro y recto, entonces la vida de Dios puede fluir hacia nosotros y regular nuestro caminar para que esa vida se extienda hasta la totalidad de nuestro ser, con tal de que nuestro espíritu entre verdaderamente en contacto con Dios.
Que Dios los bendiga.
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domingo, 29 de marzo de 2015

EL CONOCIMIENTO DEL HOMBRE.


 Sal 8:3,4 “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,  Y el hijo del hombre, para que lo visites?”
 ¿Por qué nos creó Dios? ¿Cómo está hecho el hombre?  
Dios no necesitaba crear al hombre, pero nos creó para su propia gloria. Dios no nos necesita a nosotros ni al resto de la creación para nada, no obstante, nosotros y el resto de la creación le glorificamos y le producimos gozo. Puesto que había amor y comunión perfectos entre los miembros de la Deidad por toda la eternidad (Jn 17:24), Dios no nos creó porque se sintiera solo ni porque necesitara compañerismo con otras personas. Dios no nos necesitaba a nosotros por ninguna razón. No obstante, Dios nos creó para su propia gloria. Dios habla de sus hijos e hijas de todas partes de la tierra como aquellos que él ha creado para su gloria (Isa. 43:7 “Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”; Efe. 1:11-12 “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo”).  Por tanto, estamos llamados a hacer todo lo que hagamos «para la gloria de Dios» (1 Co 10:31).
 Este hecho garantiza que nuestra vida es significativa. Cuando nos damos cuenta que Dios no necesitaba crearnos y que no nos necesita para nada, podíamos concluir que nuestras vidas no son importantes para nada. Pero las Escrituras nos dicen que fuimos creados para glorificar a Dios, lo que indica que somos importantes para Dios mismo. Esta es la definición suprema de la auténtica importancia o significado de nuestra vida: Si somos de verdad importantes para Dios por toda la eternidad, ¿qué mayor importancia o significado podríamos querer? 
¿Cuál es nuestro propósito en la vida?
El hecho de que Dios nos creó para su gloria determina la respuesta correcta a la pregunta: « ¿Cuál es nuestro propósito en la vida?»
Este propósito de la existencia del hombre tiene dos vertientes: 1) Con respecto a Dios, 2) Con respecto al hombre mismo.
 Cuando hablamos con respecto a Dios, Nuestro propósito debe ser cumplir la razón por la que Dios nos creó: Glorificarle a él.  
Pero cuando pensamos en nuestros propios intereses, nos encontramos con el feliz descubrimiento de que estamos para gozar a Dios y deleitamos en él y en nuestra relación con él. Jesús dice: «Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10:10). David le dice a Dios: «Me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha» (Sal 16:11). Él anhela morar en la casa del Señor para siempre, «para contemplar la hermosura del Señor» (Sal 27:4).
¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso!
Anhelo con el alma los atrios del Señor.
Con el corazón, con todo el cuerpo, Canto alegre al Dios de la vida…
Más vale pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos (Sal 84:1-2, 10).

 Este concepto de la doctrina de la creación del hombre tiene resultados muy prácticos. Cuando nos damos cuenta de que Dios nos ha creado para glorificarle, y cuando empezamos a actuar en formas que cumplen ese propósito, empezamos a experimentar una intensidad de gozo en el Señor que nunca antes habíamos conocido.

El hombre creado a la imagen de Dios.
     “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra imagen y  semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. (Gen. 1:26,27)

De todas las criaturas que Dios hizo, solo una, el hombre, se dice que fue creado «a imagen de Dios»: ¿Qué significa esto?
Cuando Dios dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gen. 1:26), el sentido es que Dios planeaba hacer una criatura similar a él, significaría sencillamente a los lectores originales: «Hagamos al hombre como nosotros somos y para que nos represente».

La naturaleza esencial del hombre.
¿Qué quieren decir las Escrituras con alma y espíritu? ¿Son la misma cosa?
¿Cuántas partes hay en el hombre? Todos estamos de acuerdo en que tenemos cuerpos físicos. La mayoría de las personas (cristianos y no cristianos) sienten que también tienen una parte inmaterial, un «alma» que vivirá después de que sus cuerpos mueran. Pero ahí termina el acuerdo. Algunas personas creen que además de «cuerpo» y «alma» tenemos una tercera parte, un «espíritu», que es lo que más directamente se relaciona con Dios. El concepto de que el hombre está formado de tres partes (cuerpo, alma y espíritu) se llama tricotomía!
Otros han dicho que «espíritu» no es otra parte del hombre, sino un sinónimo de «alma», y que ambos términos son intercambiables en las Escrituras para hablar acerca de la parte inmaterial del ser humano, la parte que vive después que nuestros cuerpos mueren. El punto de vista de que el hombre está formado de dos partes (cuerpo y alma/ espíritu) se llama dicotomía.
Estas dos perspectivas se sostienen en el mundo cristiano hoy. Aunque la dicotomía ha sido afirmada más comúnmente a lo largo de la historia de la iglesia y es mucho más común entre los eruditos evangélicos de hoy, la tricotomía tiene también muchos defensores. En este estudio usaremos el punto de vista de la tricotomía que ve al hombre formado de tres partes, cuerpo, alma y espíritu, porque favorece una explicación del hombre natural, el hombre carnal y el hombre espiritual a los que se refiere el Apóstol Pablo en 1Cor. 2:9-3:4, y que es sumamente esencial en el conocimiento de la vida cristiana, pues de otra forma sería más complicado entender la regeneración o nuevo nacimiento, la transformación del cristiano y la redención o glorificación del cuerpo físico.
No debemos pasar por alto, sin embargo, que el punto de vista dualista también tiene apoyo bíblico, ya que frecuentemente en las Escrituras se usan indistintamente alma y espíritu.

LAS FUNCIONES DE EL ESPIRITU, EL ALMA Y EL CUERPO.
1Ts 5:23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Con esta cita bíblica fundamentamos la existencia de las tres partes que integran al hombre, la cual se refuerza con Hebreos 4:12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.  
Con el cuerpo uno puede conocer el mundo físico. El cuerpo tiene cinco órganos, correspondientes a los cinco sentidos, que le permiten al hombre comunicarse con el mundo físico.
Con el alma se puede conocer a sí mismo. En el alma se halla el intelecto, los sentimientos o parte afectiva y la voluntad. A través del alma el hombre es consciente de sí mismo, se relaciona afectivamente con otros seres humanos, puede tomar decisiones y le capacita para existir independientemente. El yo se halla en el alma.
Con el espíritu puede conocer a Dios. El espíritu es la parte con la cual el hombre se comunica con Dios y con la cual lo adora, le sirve y mantiene su relación con El.
 Todo esto es parte del hombre, constituye su personalidad y le faculta para estar consciente de sí mismo, del mundo natural y del mundo espiritual.
Es importante entender, que las Escrituras hablan del hombre como un ser integral, nunca dividido, cuya parte principal es el alma, su personalidad. En el alma convergen el espíritu y el cuerpo. El alma se halla entre esos dos mundos y pertenece a ambos. Por un lado, se comunica con la esfera espiritual por medio del espíritu, y por otro, se comunica con el mundo físico por medio del cuerpo. El alma tiene el poder de tomar decisiones con respecto a las cosas que la rodean; puede acogerlas o rechazarlas. El espíritu no puede controlar el cuerpo directamente; requiere un medio. Este instrumento es el alma, la cual fue producida cuando el espíritu se unió con el cuerpo y es el vínculo entre ambos. El espíritu puede gobernar el cuerpo por medio del alma y sujetarlo bajo el poder de Dios. Por su parte, el cuerpo también puede inducir al espíritu por medio del alma a amar al mundo.
La Función del alma es mantener al espíritu y al cuerpo en su debido orden, para que no pierdan su relación. De esta manera, el cuerpo, que es el más superficial, se someterá al espíritu; éste, por ser más elevado, podrá controlar el cuerpo por medio del alma.  
El alma es potencialmente la parte más fuerte porque tanto el espíritu como el cuerpo están ligados a ella, la consideran su personalidad y son afectados por ella. Al principio, cuando el hombre no había pecado, el poder del alma estaba completamente sujeto al espíritu. Por lo tanto, el poder del alma era el poder del espíritu. El espíritu no podía controlar al cuerpo directamente; tenía que hacerlo por medio del alma.
En conclusión, el alma es la sede de la personalidad, la parte principal del hombre ya que la voluntad, el intelecto y los afectos se encuentran en ella; Con el espíritu el hombre se comunica con la esfera espiritual, y con el cuerpo se relaciona con el mundo físico. El alma está en medio de estas dos partes y determina cuál de las dos esferas ha de gobernar. Algunas veces el alma rige por medio del intelecto y de los sentidos; cuando eso sucede, el mundo psicológico lleva las riendas. Si el alma no cede su gobierno al espíritu, éste no puede gobernar. 
El alma es el amo de la persona porque incluye la voluntad. Si el espíritu controla todo el ser, ello se debe a que el alma cedió y tomó una posición sumisa. Si el alma se rebela, el espíritu no tiene poder para controlarla. En esto consiste “el libre albedrío”. El hombre tiene pleno derecho a tomar sus propias decisiones, pues no es una máquina controlada por la voluntad de Dios. El tiene su propia facultad de reflexión. Puede escoger obedecer la voluntad de Dios, o puede oponerse a ella y seguir la voluntad del diablo. Según lo que Dios dispuso, el espíritu es la parte más noble y debe controlar todo el ser del hombre. Sin embargo, la voluntad del hombre (el alma) tiene potestad de escoger si permite que el espíritu gobierne o si deja que lo haga el cuerpo, o puede hacer que el yo presida. Debido a que el alma es tan poderosa, la Biblia la llama “alma viviente”. 
EL ESPIRITU
Es muy importante que los creyentes sepan que tienen un espíritu. Más adelante veremos que toda comunicación entre Dios y el hombre se produce en el espíritu. Si un creyente no sabe qué es su espíritu, no sabrá cómo tener comunión con Dios en el espíritu, y sustituirá la obra del espíritu por actividades del alma, como por ejemplo, las de la mente y la parte emotiva. Como resultado, permanecerá en la esfera del alma y no llegará a la esfera espiritual. 
De acuerdo con lo que enseña la Biblia y según la experiencia del creyente, se puede decir que el espíritu del hombre está compuesto de tres partes, o que tiene tres funciones. Estas tres partes son la conciencia, la intuición y la comunión o adoración.
La conciencia es el órgano que discierne entre lo correcto y lo incorrecto, lo cual no es afectado por el conocimiento intelectual; es más bien un juicio directo y espontáneo. Si un hombre comete un error en su conducta, su conciencia lo censurará. 
La intuición es la percepción que se tiene dentro del espíritu (llamada comúnmente “el 6° sentido”). Esta percepción es directa y no depende de nada más; no necesitamos la ayuda de la mente ni de la parte emotiva ni de la voluntad para tener este conocimiento, ya que viene directamente de la intuición. Por medio de la intuición, el hombre puede verdaderamente “conocer” la voluntad de Dios, recibir revelación e iluminación espiritual. Los creyentes conocen todas las revelaciones de Dios y toda la actividad del Espíritu Santo por medio de la intuición. El creyente debe seguir la voz de la conciencia y la instrucción de la intuición.
La comunión que se tiene en el espíritu es la adoración a Dios. Dios no viene por medio de nuestros pensamientos ni nuestras emociones ni nuestros deseos. A Dios se le conoce directamente por medio del espíritu, es decir, por medio del “hombre interior”, y no por medio del alma, que es el hombre exterior. 

EL ALMA
Además del espíritu, el órgano con el cual nos comunicamos con Dios, también tenemos alma. En ella el hombre está consciente de sí mismo y de su propia existencia. El alma es el órgano que constituye la personalidad del hombre. Todo lo que incluye la personalidad, es decir, todo elemento que constituye al hombre como tal, es parte del alma. Su intelecto, su mente, sus ideales, su amor, sus reacciones, sus juicios, su voluntad, etc., todo ello es parte del alma. Ya dijimos que el espíritu y el cuerpo están fusionados en el alma. Por eso, ella constituye la personalidad del hombre y el centro de su ser. Por esta razón la Biblia llama alma al hombre, como si fuera la única parte que tuviese. La existencia del hombre, sus características y su vida provienen de su alma. Por eso la Biblia llama a los hombres almas.
Los tres elementos principales que conforman la personalidad del hombre o sea el alma son: la voluntad, la mente o razón y la parte afectiva o emociones.
La voluntad le permite al hombre tomar decisiones. Sin la voluntad, el hombre sería una máquina, el hombre tiene “libre albedrío” lo que le da el derecho pero también la responsabilidad de decidir.
La mente o razón es nuestro intelecto, allí pensamos. Nuestra inteligencia, conocimiento, y todo lo que incumbe a nuestra capacidad mental procede de la mente. Sin la mente, el hombre sería incoherente.
La parte emotiva es el asiento de los sentimientos y emociones, del amor, el odio y los demás sentimientos. Podemos amar, odiar, regocijarnos, enojarnos, entristecernos y alegrarnos mediante esta facultad. Sin ella, el hombre sería insensible como una piedra. 

LAS PARTES ESENCIALES DEL HOMBRE EN LA CREACIÓN.
Cuando el hombre fue creado, Dios estableció una relación de equilibrio en el ser humano donde el espíritu, la parte del ser en comunión con Dios, gobernaba al alma pues ésta se sometía a él voluntariamente, así el cuerpo también quedaba sujeto. 

LAS PARTES ESENCIALES DEL HOMBRE EN LA CAÍDA.

Cuando el hombre desobedeció a Dios, este se rebeló ejerciendo su derecho de “libre albedrío”, trayendo la muerte como castigo por el pecado (Rom. 6:23). La muerte decretada como castigo judicial tiene varios momentos, en función del poder de la vida que había en el hombre.
El efecto inmediato es la muerte espiritual, la cual significa separación de Dios. Es decir, la conexión o comunicación que permitía la relación del hombre con Dios queda cortada por decreto Divino. El pecado ahora separa al hombre de Dios, el cual es Santo y puro, por lo que no puede relacionarse con el pecado.
Esta muerte espiritual o muerte del espíritu humano no significa que el espíritu deja de existir, porque este es eterno por proceder de Dios. Significa que ahora está imposibilitado de relacionarse con Dios y queda inactivo, lo que en cuanto a relación con Dios, equivale a muerto.

Ahora el alma, sin el control del espíritu, que está inactivo, toma el control del ser y reina el “yo” en el hombre. Ahora vive para sí mismo y no para cumplir el propósito establecido por Dios. Sin su relación con Dios el alma se va degradando de modo que ahora sus pensamientos, deseos, sentimientos y decisiones se corrompen alejándose cada vez más de la voluntad Divina hasta degradarse completamente. (Gen 6:5).

El cuerpo físico, sin la relación sustentadora con su fuente de vida, comienza el proceso de muerte, enfermando, envejeciendo, hasta llegar al punto de muerte.

LA ESPERANZA DEL HOMBRE.

Dios, quien ama al hombre por ser Su creación especial, “Su imagen y semejanza” tiene diseñado un plan de rescate que cumple y satisface plenamente Su justicia perfecta.
La biblia dice en Juan 3:16,17  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. 
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